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  Virginidad

Nunca ha sido nuestro interés el tocar temas relacionados a la sexualidad, pero entendemos en Dios que allá nos quiera llevar.   A diario la juventud usa este medio (que consideramos poco personal si lo quieres ver así) para hacernos llegar todo tipo de preguntas que muchas veces no son tratadas abiertamente por la familia y su iglesia local.   Conscientes de esta realidad en la Iglesia, nos vemos en la obligación de sacar con cierta frecuencia temas que apuntan a la sexualidad en la Iglesia, temas que a veces pasan a ser sorprendentes desde su inicio.

Este especial apunta a todas aquellas personas que son capaces de entender que la virginidad está dentro de la Voluntad de Dios, dirigida a seres renovados espiritualmente que consideran su vida entregada a Aquel que les ha libertado de la esclavitud del pecado y ahora viven sólo para Él.

Queremos hacer un especial sobre la abstinencia sexual antes del matrimonio. Diremos en esta oportunidad, frente a las experiencias sexuales prematrimoniales, que las primeras están dentro del marco de la Palabra de Dios, y las segundas (experiencias prematrimoniales) están sin duda lejos de la voluntad de Dios. Lo más aconsejable y sano, en un amplio sentido, es que comparativamente en un campo normal la virginidad siempre te hará crecer como persona, en cambio las relaciones prematrimoniales te llenaran de complejos, dudas, intranquilidad, etc.

Tampoco pretendemos crear una especie de debate en el cual cuestionemos si es bueno o malo conservar la virginidad, sino que elaboramos este especial con las premisas de que es mala y por ende es pecaminosa toda relación sexual previa al matrimonio. Sólo deseamos ayudar en algo a todos aquellos que han hecho voto de santidad en obedicencia, con el propósito de glorificar a Dios sobre todas las cosas. Con ello no queremos culpar y mucho menos condenar a todos aquellos que no han podido conservar su palabra de compromiso hacia Dios en esta área de su sexualidad.