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  Concubina

La práctica del concubinato estaba muy difundida en el mundo bíblico. En la Mesopotamia, el marido tenía derecho a tener relaciones sexuales con sus esclavas. En Asiria, el esposo podía tener varias concubinas que hubieran nacido libres, al mismo tiempo que su esposa "velada", si bien la "concubina" estaba sujeta a la autoridad de la esposa. Sus hijos tenían derecho a compartir la herencia. Las concubinas que tenían hijos y mostraban arrogancia podían ser tratadas como esclavas pero no vendidas.

En Capadocia (siglo XIX a.C.) y Alalak, en los casos en que la esposa no tenía un hijo dentro de un período determinado (3 ó 7 años, respectivamente), el esposo tenía derecho a tomar una segunda esposa. En Ugarit, al hombre que tenía una concubina se le llamaba b>l sûsûlmt, "poseedor de una mujer que completa (la familia)"; Sara le dio una esclava como concubina a Abraham (Gn. 16.2-3), y las doncellas que recibieron Lea y Raquel como regalo de bodas se convirtieron en concubinas de Jacob (Gn. 29.24, Zilpa; Gn. 29.29, Bilha). Las concubinas estaban protegidas por la ley mosaica (Ex. 21.7-11; Dt. 2 1.10-14), aunque se las distinguía de las esposas (Jue. 8.31; 2 S. 5.13; 1 R. 11.3; 2 Cr. 11.21), y era más fácil divorciarse de ellas (Gn. 21.10-14). Algunos reyes, como Salomón por ejemplo, llegaron a excesos en el número de esposas y concubinas que tuvieron. Acostarse con la concubina de un monarca equivalía a usurpar el trono (2 S. 3.7; 16.21-22; 1 R. 2.21-24).

Dos términos se emplean en el AT, péÆlegesû, de origen no semítico, y el arm. lƒheµnaÆ (Dn. 5.2-3, 23), "servidora del templo". El primero se usó principalmente en la época de los patriarcas, en la de la conquista, y en los primeros tiempos del reino; su uso más frecuente se produce en la época de los jueces. Esta práctica creó tensión con las esposas en todos los períodos, y los profetas posteriores alentaron la monogamia (Mal. 2.14ss). La mujer ideal de Pr. 31 pertenecía a una sociedad monógama.

En el NT la monogamia fue prescripta por Jesús (Mt. 5.32; 19.3-12), y por los escritores neotestamentarios (1 Ti. 3.2, 12). En el mundo griego y romano contemporáneos todavía se practicaba el concubinato. Entre los griegos, las pallakai, ‘concubinas’, se mantenían regularmente para el placer sexual, y los niños nacidos de esas uniones, aunque eran libres, se consideraban bastardos. Eran las esposas (gynaikes) las que tenían hijos legítimos. En el mundo romano el estado de concubinatus, o ‘acostarse juntos’, se refería a uniones informales pero más o menos permanentes, sin ceremonia nupcial. Los niños nacidos de esas uniones tomaban el estado legal de su madre, y no gozaban de la ciudadanía. Con un trasfondo de esta naturaleza la monogamia era la única forma de matrimonio para los cristianos. Los hombres solteros que tenían una concubina estaban obligados a desposarlas; en caso contrario se les rehusaba el bautismo; la mujer creyente podía ser bautizada.