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I. EL NOVIAZGO DE HOY - Lo que no debemos imitar.
La conducta que se observa hoy día, aunque esté muy difundida a través de los medios de comunicación, la educación sexual en los colegios y/o Universidades, no equivale a una doctrina de fe que sostenemos (1 Jn 5:19). Criterios equivocados de humanismo carecen de razón y enseñan un comportamiento objetivamente pecaminoso, y están en contradicción con la enseñanza de la Palabra de Dios. De hecho, uno de los mayores problemas con que se enfrenta este tema es que los jóvenes aprenden a comportarse como novios según el ejemplo que ven en otros noviazgos, o según lo que les propone el medio o los medios de comunicaciones tales como el cine, literatura, la radio y televisión secular, por hilar más fino (Col. 2:8). Por lo general, esos modelos de comportamiento no son cristianos en absoluto y no reflejan el verdadero amor de pareja (ágape) sino el afán de una pasajera satisfacción sensual. Hasta los modelos que tenemos dentro de la Iglesia son escasos.

Con argumentos esgrimidos de su falsa llamada ciencia (1 Ti. 6:20), dichos modelos seculares han sobrepasado los principios de Dios y nos hemos ido en pos de nuestras pasiones juveniles argumentando que "ahora es así", "todos lo hacen", "se ve siempre así en las películas", "no estamos ya en el siglo pasado", etc. Muchos jóvenes, para justificar un noviazgo pecaminoso, argumentan que los viejos o hasta sus propios padres son anticuados y que se olvidaron que fueron jóvenes y hacían lo mismo (Ro. 1:30; 2 Ti. 3:2). Estas palabras muchas veces son mencionadas sólo para justificar actitudes contrarias a lo que Dios nos enseña y continuar con algún capricho amoroso y obviamente conciente de que dicho modelos y ejemplos a lo que llaman "viejos" no debemos imitar.


II. EL TIEMPO DEL NOVIAZGO
Demás esta decir que las faltas de delicadeza, el respeto mutuo, la sinceridad (Ef. 4:25), la falta de pudor o el pecado de lujuria que tengan lugar en el noviazgo, si no se corrigen en esta etapa, se multiplicarán en el matrimonio, de un modo increíble. Este es el tiempo de darse cuenta cual será tu proyección en el siguiente paso que darás .

Por ningún motivo llegues a ver a tu pareja como una mujer o un hombre, como una madre o padre, amiga o amigos, o cualquier característica que necesites tener del otro(a); sin antes verle como un ser humano. El noviazgo es el tiempo de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo, no por el afán de posesión, sino un espíritu de entrega mutua, de comprensión, de respeto, de sana convivencia en lugares apropiados.

El noviazgo no es algo frívolo, o a la ligera para luego contraer matrimonio, por el deseos de escapar de casa, de satisfacer la sensualidad, o de tener hijos. Tales actitudes llevan a gravísimos errores inmediatos y futuros, no sólo morales, sino físicos y espirituales.

La vida en el noviazgo, a pesar de que algunas veces los dos tengan posiciones diferentes, debe estar fundamentado en el amor. El noviazgo debe ser sin pretensiones egoístas sino de cariño, ajena a llegar a los peligros de la ocasión, lejos de la compasión al otro o del chantaje.

A. Relaciones Sexuales Durante el Noviazgo
Se oye decir que las relaciones sexuales entre novios no tienen que esperar a ser legitimadas por lo que seria un mero compromiso social, jurídico, económico, etc. (el matrimonio contraído). Lejos está una revelación de noviazgo en Dios en cuanto a no huir de la fornicación (1 Co. 5:9). Resulta evidente que un planteamiento de ese tipo, que prescinde de toda referencia a Dios, esta viciado de raíz y no puede ser aceptado por nadie que quiera seguir llamándose Cristiano(a). La Revelación, a la que ya hemos hecho referencia, no puede ser ignorada o dejada de lado. Insistimos que este punto no es cuestionable.

B. Expresiones de Cariño y La Espontaneidad
El cariño se ha de acomodar a los modos de expresión que exija la ley moral, social y sobre todo, la Palabra de Dios. No se trata de ir contra la espontaneidad, entendiendo esta palabra lejos de la hipocresía, sino de atribuirle el valor que le corresponde. En todos los campos y no sólo en el del amor, lo espontáneo debe elevarse hasta transformarse en lo humano, para poder transfigurarse en lo divino, mediante la gracia de Dios.

De hecho, la espontaneidad no solamente es una regla de vida, sino que con frecuencia es una tendencia hacia un modo de conducta pecaminosa. Recordemos la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza (Ro. 13:13); en todos hay un gran componente de espontaneidad, mayor o menor según el temperamento. Son cosas que "nos salen" fácilmente, tan fácilmente que aparecen también cuando no las quisiéramos, porque son las tendencias al mal, que el pecado original ha dejado en nuestra naturaleza y de las cuales en sabia posición deben mutuamente evitarse.

No nos engañemos en pensar que de acuerdo al medio en donde nos encontremos actuaremos dominando esta espontaneidad, porque nos llevara a pecar por falta muchas veces de Dominio Propio, que es fruto del Espíritu Santo (2 Ti. 1:7; 2 Pe. 1:6). Después nos cuestionarnos dichos comportamientos pecaminosos los cuales de ante mano nos dimos a ir más allá cada momento. Evitemos este cariño espontáneo en lugares que se presten para pasar a la pecaminosidad encontrada de improviso o en otra premeditada. En otras palabras, no nos engañemos en busca de lugares que nos permitan luego creer que nuestros instintos no sucumbirán.

Por esto el noviazgo no ha de guiarse por la espontaneidad sino por una actitud consciente en todas las etapas del mismo, madura, que enriquezca y facilite el verdadero libre obrar de ambas partes (1 Co. 14:20). Lo que debe caracterizar nuestra vida no es el instinto que es lo más espontáneo que mueve a la acción, sino el amor y el deber, el sentido de responsabilidad, la obediencia libre a un Dios que nos ha hecho sus hijos y quien quiere lo mejor de nosotros en esta etapa necesaria de nuestra vida, previa al matrimonio.

C. ¿Hasta dónde se puede llegar en las manifestaciones de afecto?
Las manifestaciones de afecto no deben ser cosas que, en el fondo de la conciencia, tengan un timbre de lujuria, de bajeza, de egoísmo o de clandestinidad. Las manifestaciones de afecto se pueden llevar hasta donde se llegaría en presencia de tus padres o de adultos los cuales respetas. Un consejo práctico al respecto es evitar lugares solitarios y oscuros, como de igual forma ropa que lleve a la sensualidad.