Inicio
Adicción Sexual
Abuso Sexual
Aborto
Adulterio Online
Algunos Conceptos
ACUPS
Identidad Sexual
La Sexualidad en la Biblia
Masturbación
Matrimonio
Noticias
Noviazgo
Definiciones
Desarrollo
Compromiso
Elección
Sexualidad
Conclusiones
Pornografía
Tecnosexual
Virginidad
¡Pregunte aquí!
Inicio > Noviazgo > Compromiso >
  Compromiso

I. EL NOVIAZGO ES UNA DECISIÓN SERIA
Puestos a extremar las cosas, alguno podría pensar que en esta materia el mismo noviazgo es ya un peligro. Bajo cierto aspecto es verdad, pero no se puede cerrar ahí la discusión, porque en el fondo no se ha hecho más que recordar una verdad que los novios son dos que están en edad madura para enfrentar el matrimonio (1 Co. 14:20).

Es cierto que el noviazgo lleva consigo una serie de circunstancias que podrían ser consideradas ocasión de pecado: el cariño y la necesidad de manifestarlo, la oportunidad de estar juntos con frecuencia, la familiaridad, desarrollo del comportamiento varonil (1 Co.16:13), etc. Pero el intentar de evitar esas cosas equivaldría a suprimir el noviazgo.

Aun a riesgo de que el planteamiento parezca simplista, el problema práctico puede reducirse a pocos puntos bien concretos. Cuando hay un fondo de rectitud y de buena voluntad, con una base de compromiso formal, muchas victorias espirituales serán ganadas porque se ha sabido evitar la unión a la ligera y por intereses sexuales de primer orden (2 Ti. 2:22).

Claro que el noviazgo requiere momentos de intimidad, para cambiar impresiones y confidencias nobles, y para empezar a entrenarse en “el nosotros y el mundo”, planificar el futuro y conocer posturas inmediatas, reglas de toda relación. La intimidad no quiere decir soledad, absoluta o con cómplices alrededor. De igual forma no se trata de entrar en detalles. Damos por sentado que los novios son lo suficientemente crecidos como para detectar por sí mismos, con la ayuda de Dios y de sus propias conciencias (Hch 32:1), cuando se presentan esas situaciones que ponen el alma en peligro inmediato. Si ellos no saben huir y así guardarse, no habrá nadie en la tierra que los guarde.  Es necesario recordar el consejo que Pablo da a Timoteo en su segunda carta capítulo 3, versículos del 1 al 6 donde nos advierte de tiempos peligroso y de hombres con características de las cuales en toda relación es necesario conocer, porque la Palabra de Dios nos lo advierte. No con lo anterior nos volveremos paranoicos en ningún caso, sino que debemos estar concientes que en dicha etapa donde debemos reconocer a fondo quien será nuestra pareja.  Esto dará una señal abierta de la inmadurez espiritual mutua sino se lleva a cabo y querer entrar en esta etapa tan delicada, previa al matrimonio.

Sin necesidad de ahondar, basta recordar que hay diferencias en el modo de ser masculino y femenino. Entre hombre y mujer se abre con frecuencia la laguna de la ignorancia o de la duda sobre la sexualidad del otro en su sentido más amplio y sano. Cada uno sabe lo suyo; cada uno asume saber lo del otro. No está lejos pensar que muchos novios creen tener un concepto de la sexualidad del otro completamente conocida; lamentamos decirles a un gran número de parejas que no tienen claro el compromiso en esta área y lejos esta en su información una sexualidad sana a la luz de la Palabra de Dios, tema para otro especial.

Luego, andando el tiempo y creciendo la experiencia, no hará falta hablar, y no será fácil disimular la realidad. A pesar que en algunos noviazgos todavía no se ha llegado a ese punto, y no han perdido eficacia las palabras mentirosas las cuales deben ser descubierta y manejas con altura de mira por ambos, con el fin de encontrar mutuamente en esperanza una posición que edifique la relación ante todo tipo de situaciones, tanto personales como mutuas.

En algunas ocasiones será la mujer la engañada, si es ingenua y no está atenta. En otras el mismo hombre será engañado (Pr. 2:16-17). Un clima de opinión bastante extendida puede contribuir a hacerle creer que el mandamiento de la pureza tiene distinta vigencia para el hombre y para la mujer; además, es necesario indicar que no por lo anterior se ha de perder el romanticismo que claro esta lejos de la sexualidad. Lo que no conseguiría una tentación descarada lo consigue la compasión, o la falta de respeto humano, o el miedo de parecer anticuada. Digamos solo que se ha de reaccionar con prontitud, para no dar ocasión a la pasión, y con esto con mucha fortaleza. No deseamos hacer creer que usamos palabras que parecerán demasiados maduras para esta etapa, pero insistimos, que este paso requiere de una postura conciente y madura.

 

II. EL ROMPIMIENTO DEL NOVIAZGO
 Habrán momentos, incluso, en los que se impondrá el rompimiento de la relación, el no hacerlo llevaría necesariamente a ofender a Dios (pecados graves), sino se exigen pruebas de la autenticidad del cariño, como condición para continuar las relaciones.

Probablemente sorprenda un poco la actitud del párrafo anterior, pero una característica del noviazgo es la posibilidad de cambio, la opción a rectificar una elección no acertada, por el procedimiento de romper las relaciones (Ec. 3:1), aunque a veces ese sistema no sea sencillo ni llevadero y que algunos usan frecuentemente luego de hacer uso de la otra persona; suena duro que no es otro significado el engañarse con un noviazgo sexual que sólo tiene como fin el término anticipado (Pr.13:1). Tampoco se me escapa que el simple hecho de anunciar la palabra noviazgo, implica actualmente una toma de posición bien concreta, precisamente porque hay quien se resiste incluso a dar status propio al noviazgo mismo.

Si lo que se rechaza del noviazgo es un conjunto de convencionalismos sociales pasados de moda, no habría nada que esperar de esta relación , porque lo anticipa un engaño disfrazado de palabras acomodadas, pues es oportuno examinar con cierta detención lo que se entiende por convencionalismos. Me explico perfectamente la resistencia íntima que algunas parejas pueden sentir a reconocerse en la palabra novios, por la carga formalista con que a sus ojos aparece ese nombre. En estos casos es fácil anticipar un rompimiento de lo que nunca hubo como compromiso.

 

III. LA RESPONSABILIDAD DE LA SOCIEDAD HACIA LOS JÓVENES
Según estadísticas, muchas mujeres que en la actualidad viven secuelas de noviazgos, al margen de la voluntad de Dios, alguna vez pusieron en balanza los consejos de mayores, o de la misma Palabra de Dios (Ec.12:1). Muchas pusieron en descrédito la Palabras de Dios con otras ofensivas diciendo que las enseñanzas impartidas hoy en día eran de personas anticuadas.

No obstante, nosotros los mayores debemos ver esto con responsabilidad, sabiendo que a cada momento estamos creando productos que dañan a nuestra juventud y después les exigimos comportamientos mínimos de racionalidad. Para ejemplarizar este fenómeno, en los Estados Unidos la juventud está siendo literalmente bombardeada de información que descalifica la verdad de Dios. Hemos llevado a nuestros jóvenes por medio de la TV, Video Juegos, Cine, y una larga lista a una actitud violenta, agresiva y hasta criminal; luego en sus escuelas les instalamos censores para detectar pistolas, descalificándolos a todos, dándoles restringidos espacios de tiempo para moverse de un aula a otra, negándoles permiso para hacer sus necesidades básicas en horas de clases, etc., con el espíritu desconfiado que harán actos delinquidos en sus salones o aulas. Luego que salen de esos recintos seguimos bombardeándoles con ídolos sin valores morales que le enseñan el uso del Sexo, Las Drogas, etc., etc.  De igual forma en el área sexual, nosotros los padres, educadores, predicadores, enseñadores, debemos ser responsables ante dicha realidad y educar a nuestros hijos en un concepto sano de sexualidad, orientación que hará un noviazgo sano en esta área, hasta alcanzar el matrimonio con valor únicamente rescatados de la Palabra de Dios, ni aun de nuestras nocivas posiciones mezquinas y distorsionadas que terceros nos hayan comunicado. (Ef. 6:4).