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  Conclusiones

Con reservas argumentamos a veces que dichos modelos seculares han sobrepasado los principios de Dios y nos hemos ido en pos de nuestras pasiones juveniles argumentando que "ahora es así," "todos lo hacen," "se ve siempre así en las películas," "no estamos ya en el siglo pasado," "los viejos son anticuados," etc. Muchos jóvenes, para justificar un noviazgo pecaminoso, argumentan que los viejos son anticuados y que se olvidaron que fueron jóvenes y hacían lo mismo (Ef. 6:1-3). Estas palabras muchas veces son dichas para justificar actitudes contrarias a lo que Dios nos enseña y continuar con algún capricho amoroso (Ef 6:7).

Nunca debes solicitar directamente ninguna de las manifestaciones corporales que son propias de la intimidad conyugal (matrimonio). En otras palabras, no le pidas a tu pareja que te demuestre cuanto te ama con relaciones sexuales.

A la hora de la responsabilidad moral, no puede prescindirse de lo que pase en la conciencia del otro, porque los novios son uno. Una intención afectuosa, si es imprudente, puede ser la causa de un pecado. Siempre debe quedar tal limpia trasparencia, en todos tus actos y palabras, que no se enfríe la vida de piedad sentida ni parezca haberse levantado un muro entre el alma y Dios.

El noviazgo es el período en el cual el amor muestra sus primeras manifestaciones. No confundas el amor humano y la intimidad sexual como una condición para entablar este tipo de relación, aunque sean cosas relacionadas. El amor debe ir creciendo en la misma relación y aún después cuando se es pareja en matrimonio. Una atracción, la satisfacción o la instintividad son decisiones equivocadas para dar el paso del noviazgo (1 Co. 13:4-7). Nunca debemos fundamentar este tipo de relación en cualquier cosa que no sea el amor.

A veces parece plantearse un conflicto entre amor y castidad, esto porque no se reflexiona sobre el significado del amor. Se justifican luego acciones que van contra el amor. No podríamos realmente llamar amor lo que fuera causa de un grave daño espiritual. (1 Co. 7:32).

Fuera del legítimo matrimonio, es pecado la búsqueda directa del placer sexual o la realización total o parcial de acciones que estén destinadas por su naturaleza, independientemente de la intención del hombre, a la transmisión de la vida. Y esto, aunque por las razones que sean se sepa que no llegará la concepción, y aunque la intención no sea ofender a Dios sino manifestar cariño, lo cual desde ya es una pensamiento ajeno a la voluntad de Dios. Hay una "inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal el significado unitivo y el significado procreador." El acto sexual es algo que tiene sentido únicamente donde se puede desarrollarse plenamente: en el matrimonio.

Es evidente que no puede designarse con la palabra noviazgo cualquier enamoramiento adolescente o adulto, aunque revista ciertas características de estabilidad y exclusividad. Por los mismos motivos, el noviazgo no está dirigido al simple trato entre un chico y una chica, si bien pueda también aplicársele en algunos aspectos. Fundamentalmente, el noviazgo implica una intencionalidad de matrimonio hacia el futuro, que por el sentido de responsabilidad que debe llevar implícito, por el compromiso más o menos expreso que encierra.

Inherentemente, en el noviazgo existe el compromiso, la intencionalidad hacia el futuro. No en vano resaltamos precisamente el aspecto de fidelidad a un compromiso de sujeción libre a uno que encierra en esa voluntaria atadura. Quizás por este hecho, tenga hoy tan pocas simpatías el noviazgo serio: pero advirtamos que quien vea el deber como libertad, quien no sepa renunciar a determinadas posibilidades por amor, quien no quiera que nada ni nadie le coarte, quien no se decida a aceptar ese necesario condicionamiento, se descalifica automáticamente incluso para el matrimonio, que implica el compromiso primerizo del noviazgo. (1 Co. 7:35).

Entiéndase que no hablamos necesariamente de un compromiso jurídico o formal o el de la llamada petición de mano. Me refiero a un compromiso íntimo, quizás sin ninguna manifestación explícita, pero no por eso carente de fuerza. Es un compromiso, tendencia, o, si se prefiere, una disponibilidad de fe (1 Ti. 3:9). Es una actitud compleja, porque ha de conciliar la voluntariedad de una estabilidad probable, presente y futura.

El noviazgo se trata, en fin, de conseguir un equilibrio que difícilmente puede existir, o aun concebirse, si falta amor y como centro la Palabra de Dios para tomas de decisiones y actitudes. Limitarse a pasar el tiempo, no terminar nunca de decidirse, entender el noviazgo como un modo de entretenerse los domingos por la tarde, o echarse a ciegas y sin reflexión de la primera posibilidad de matrimonio que se presenta, son otros tantos modos de equivocar el camino hacia la vida conyugal, con riesgo de arruinar toda la vida futura, también la eterna.

Por eso en este punto pueden hacerse residir bastantes catástrofes matrimoniales, a pesar de que hayan logrado propuestas de tiempo, decisiones tomadas a escondidas detrás de los primeros momentos: Fallan, porque se han casado dos inmaduros, aunque a veces basta que sea inmaduro uno solo. No han crecido por dentro. No se han conocido. No se han entregado verdaderamente el uno al otro, aunque incluso puedan haber ofendido al Señor con intimidades ilícitas.

"El matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes", es decir, ni en cuanto al matrimonio como institución y al hombre como especie, ni en lo que atañe a este o a aquel un matrimonio a la ligera por sus protagonistas, decisión tomada en esta etapa del noviazgo.  Recordemos lo que nos dice Pablo respecto a esto en 1 Co. 7:27 "¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte".

Concedamos que el noviazgo reúne un determinado número de características que lo definen e identifican. Tengo derecho o pensar que un chico y una chica son novios si veo que encarnan todas, o la mayoría, o bastantes de esos caracteres distintivos. Lo mismo que tengo derecho a no admitir que sean novios, si carecen de alguna señal que sea fundamental, por ejemplo, la edad: Nadie toma en serio los noviazgos entre crios de ocho años.

Estimamos que no se puede considerar un noviazgo auténtico y bueno, quien se reserva el derecho de compartir momentos de caricias, por llamarlos de alguna manera, o de hacer pareja con quien guste y cuando le guste. Estas actitudes son aberraciones, en mayor o menor grado del argumento del libertino; todavía no estamos casados y los coqueteos vanidosos, los celos, los celos por venganza o por sencilla o simple estupidez de uno, para algunos esta absurda postura la llaman noviazgo.

Dan tanta pena esas parejas de jóvenes que se conocen por algún tiempo breve y dentro del cual todo es discusión celos y líos que involucran a medio mundo. No son novios ni probablemente quieren serlo. Son amantes en el sentido más pobre de la palabra, compañeros de quita y pon, enamorados mientras dura, pobrecillos que dan y toman todo lo que pueden, sin la luz de una norma moral. mínima y lejos de la voluntad divina

Pero son también para muchos otros chicos, que tampoco quieren o saben que la felicidad del amor humano exige fidelidad, sentido de responsabilidad, aceptación gustosa de las limitaciones que impone el hecho de ser hombres y no animales criaturas de Dios, mas todavía hijos de Dios. Este dato es especialmente significativo, ya que curiosamente, las parejas que habían mantenido relaciones sexuales durante su noviazgo, previas a su matrimonio, tenían más probabilidades estadísticas de llegar al divorcio que quienes no habían llegado al acto sexual hasta el momento del matrimonio, pues se rebaja el noviazgo al solo deseo de la sexualidad.