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  La Iglesia y nuestra familia

Aunque se niegue, el hombre promedio sabe que la pornografía se ha introducido en sus vidas, más bien la Iglesia del Señor que a través de su Espíritu Santo nos está advirtiendo a cada momento.  Desgraciadamente, muchos cristianos estan siendo estimulados por la pornografía y se han visto tentados a buscar relaciones sexuales con mujeres o niños, aún cuando no las querían llevar acabo (según nos llegan relatos hasta nuestra sección de orientación).  ¡Cuántos incestos y violaciones hay como resultado de la excitación sexual causada por la pornografía!

La pornografía conduce a la lujuria mental para con las mujeres, la cual el Señor Jesús condenó en Mateo 5.27-29.

Nuestros hogares cristianos son víctimas de la pornografía y la iglesia no puede parar de forma tajante esta lacra, pues las víctimas rara vez llegan a los consejeros.  Por verguenza principalmente, son incapaces de dar la cara, lo que hace más difícil la solución.

Se tiene conciencia de la irrupción de la pornografía en las iglesias porque de una u otra forma los líderes cristianos observan cambios notorios en sus hermanos.  O bien, se da a conocer el problema a través de las personas directamente afectadas (esposas e hijos-as), incluso, se sabe de líderes, cuyas vidas son asoladas por la esclavitud a los materiales pornográficos.

En nuestras congregaciones encontramos a líderes cristianos que tienen graves disfunciones sexuales. En la mayoría de los casos, los problemas comienzan por haber sido víctimas de abusos sexuales en la infancia o por estar esclavizados o adictos a la pornografía desde la adolescencia o la juventud.

La pornografía destruye insidiosamente muchos matrimonios cristianos; muchas parejas casadas ven juntos películas cargadas de escenas eróticas (que hoy en día pasan como normales) o ven videos pornográficos para añadir algo de estímulo a sus vidas sexuales. En un principio, ver pornografía puede excitar y estimular a los cónyuges; pero no son los resultados iniciales los que preocupan.  Sin duda que al final los resultado serán matrimonios arruinados.

Dios diseñó la sexualidad marital para que brotara en el contexto de una relación íntima y cariñosa donde siempre estuvieran presentes el cuidado del otro, la comunicación, el servicio y la ternura. Cuando esos valores se cultivan en el matrimonio, despiertan la atracción sexual, y entonces el coito se convierte en una expresión de interés y amor, una forma de decir: «Me importas. Te quiero y deseo comunicártelo con ternura».

La pornografía incita al hombre a mirar cuerpos físicamente dotados de otras mujeres que venden su cuerpor a la industria pornográfica, al contrario de sus esposas. Cuando uno empieza a superponer tales fantasías sexuales al papel de su esposa en su unión marital, está poniendo en peligro la intimidad de su matrimonio.

La pornografía frustra una relación, reduciendo la dimensión sexual del matrimonio a un acontecimiento atlético biológicamente inducido, hasta que por último ya no se hace demasiado énfasis en la parte tierna de la vida de pareja. Cuando ésta se escapa de una relación, desaparecen el corazón y el alma de la sexualidad marital. La mujer empieza entonces a sentirse usada y agraviada, y el hombre frustrado y vacío. Se comienzan excitando y luego se sienten sucios, culpables y vacíos.